DESMALVINIZACIÓN

Ahora, como ya lo pretendieron hacer con Malvinas, pretenden "desubmarinizarnos" . No lo permitamos y preguntemos por siempre ¿Adonde están los 44?

jueves, 7 de diciembre de 2017

Por qué y porqué hoy:

Como es su costumbre el gobierno acaba de generar otro escándalo de proporciones mayúsculas:


Ponen al país entero, a debatir sobre la prisión de Cristina
Amenazan con detenerla, mientras encarcelan a renombrados dirigentes históricos de su movimiento político, acusándolos con un juez expulsado de una causa que encima no constituye ningún delito.
Pareciera que no se animan realmente a detenerla, porque podrían haberlo hecho hace solo unos días, cuando aun no tenía fueros.
Por Cristina le pasan la pelota al Senado de la Nación, más específicamente a Picchetto, a Schiaretti y demás cipayos pseudo peronistas, cómplices absolutos del actual estado de represión, persecución política y del desguace de la nación, quienes posiblemente vean aquí una oportunidad de intentar lavarse las imborrables manchas que les están dejando la rebaja de las jubilaciones, la renuncia a los reclamos de las provincias y su intención de llevar las leyes laborales al siglo 18
Cuando uno busca el motivo, la razón,  de hechos incomprensibles, suele centrarse en una sola causa, cuando la mayoría de las veces, concurren varias razones para que estos hechos se produzcan.

Que quiere lograr el Gobierno con esto? Y porqué ahora?

Podemos pensar que hacen esto:
  • Solamente porque pueden.
  • Simplemente por el odio al peronismo
  • Por venganza de Magnetto.
  • Para terminar de hundir, ahora en el olvido, su responsabilidad por los 44 marinos del ARA San Juan.
  • Quizá para ocultar también la imparable cantidad de imputaciones a funcionarios por corrupción desde Panamá Papers, Correo, Oderbrecht, Paradise Papers, la hormiguita Ocaña etcétera.
  • Para tapar el creciente deterioro de la imagen del gobierno por los nombramientos de la parentela en altos cargos nacionales.
  • Para desdibujar el brutal deterioro de los salarios
  • Para tratar de lograr torcer el rumbo complicado que están teniendo las reformas previsional, fiscal y laboral en el Congreso, mediante la exhibición de la cabeza del Chacho Peñaloza en las plazas de la República para disciplinar a los legisladores aún díscolos.
  • Para azuzar en Diciembre reacciones violentas, que justifiquen intervenciones violentas internas y externas como ha ocurrido en la llamada primavera árabe, para terminar de avasallar todos los derechos.
Quizá la respuesta que engloba todas estas posibilidades se encuentra en el mandato atribuido a Winston Churchill en Yalta en 1945, y que tiene vigencia total en la actualidad. :
“La estrategia es debilitar y corromper por dentro a la Argentina, destruir sus industrias, sus fuerzas armadas, fomentar divisiones internas apoyando a bandos de derecha y de izquierda. Atacar su cultura en todos los medios. Imponer dirigentes políticos que respondan a nuestro imperio. Esto logrará la apatía del pueblo y una democracia controlable, donde sus representantes levantarán sus manos en masa, en sumisión. Hay que humillar a la argentina”

Cada uno de nosotros podrá visualizar más razones posibles, pero seguramente todos las aquí enunciadas y las que cada uno pueda agregar a esta lista, conformarán un concepto general parecido al que se atribuye a Churchill y que el general Perón describía cuando hablaba del accionar de la Sinarquía Internacional.
Este gobierno ha venido a destruir, a desguazar, a africanizar no solo nuestro país, sino a toda Latinoamérica y es muy posible que ellos y sus mandantes extranjeros estén percibiendo que su camino se está empantanando, tanto aquí, como en Chile y en Brasil, y como aquellos que se hunden en el barro, se desesperan, y mientras mas movimientos desesperados hacen, mas rápido se hunden.
Lo malo es que a veces la desesperación del que se hunde suele ser peligrosa para los que andan cerca.

Humberto Vera



miércoles, 29 de noviembre de 2017

Sobre la depresión kichnerista. Por Ricardo Aronskind

Sobre la depresión kichnerista

Para comprender el presente, que contiene un estado de ánimo derrotista en las fuerzas del kirchnerismo, tenemos que entender que el macrismo, en tanto reagrupamiento de la derecha argentina, gozó de una larguísima campaña electoral que se inició desde el conflicto del campo protagonizada por el amplio aparato comunicacional de la derecha y el empresariado, con la cual recuperó los no pocos residuos ideológicos y falacias económicas que dejó en su tiempo la “primavera menemista”. El kirchnerismo tiene que dejar de ser una suerte de espacio nostálgico y añorante de un pasado irrepetible y convertirse en un espacio organizado, inteligente, creativo que dé cabida y posibilidades genuinas de participación a todo el potencial militante que tiene.

Luego de las PASO se vieron los primeros síntomas
Y después del 22 de octubre, se acentuaron los sentimientos negativos. Me refiero a un estado de ánimo sombrío que cubrió a parte del amplio espectro kirchnerista.

Debo decir que me sorprendió el efecto que logró Cambiemos sobre el electorado nacional y popular. No espero que el público despolitizado esté alerta ante las maniobras manipulativas del gobierno. El estado de credulidad hace que muchos elefantes pasen inadvertidos. Pero creo que un público politizado, que posee una mirada muy crítica de lo que es el macrismo, y que está alertado sobre sus capacidades de confundir y engañar, no debió haber caído en la trampa psicológica implícita en la demora en la entrega de datos, para borronear la victoria de Cristina en las PASO, contra la descomunal campaña mediático-judicial.

En la elección de legisladores, el 22 de octubre, cuando Cristina conquistó aún más votos, pero donde perdió ante un candidato que recibió una transfusión de votos anti-k desde un massismo en declinación, el clima se volvió más lúgubre.

Cambiemos era claramente la primera fuerza nacional, había ganado en los principales distritos, y en todos los barrios de la CABA. Sus políticas socialmente regresivas, pro-empresariales, endeudadoras, su colosal venta de fantasías, parecían ser convalidadas. La desaparición y muerte de Santiago Maldonado no habían afectado a una parte del electorado satisfecho por el espíritu derechista que animaba al gobierno. No es para festejar. Pero ¿es para ver totalmente negro el panorama político del país?

A partir de ese momento se escucharon en nuestro espacio todo tipo de reflexiones fatalistas: “se quedan 8 años”… “se quedan para siempre”… “son imparables”… “vienen por todo”… etc., etc.

A eso se añadió un ingrediente que nunca falta, ante cualquier gobierno exitoso en sus primeras elecciones: aquellos que explican el resultado, y que lo empiezan a ver como… positivo. “Derecha democrática y moderna”, por ejemplo.

Se percibía en muchos una sensación de debacle, de país que había cambiado profundamente, que se derechizaba a alta velocidad, que aceptada la eliminación de los logros de los 12 años kirchneristas en forma pasiva, y en algunos casos, con alegría. Incluso hasta el “consenso alfonsinista” sobre la relevancia ética de los derechos humanos parecía cuestionado. Franjas del peronismo que participaron en el Frente para la Victoria acordaban, e incluso tendían a acompañar a la actual gestión neoliberal. Todo parecía disgregarse.

Una sensación de extrañamiento en relación a la sociedad se extendía, que llegaba incluso a una decepción con el propio país. Se había evaporado un sueño, y no quedaba nada…

Algunos compañeros habían pasado de las expectativas que el macrismo se derrumbara rápidamente, envuelto en un segundo “20 de diciembre”, o que sería ampliamente vapuleado en las urnas por una súbita iluminación popular… a las peores visiones apocalípticas…


Problemas de lectura histórica:

Entiendo que en algunos compañeros pueden haber funcionado una serie de imágenes e ilusiones que llevaron a una lectura errónea del momento presente. “La caída del paraíso al infierno”

Quizás en esta polarización subyace una lectura parcial de la historia pasada: la del kirchnerismo, y también la del período previo al kirchnerismo.

Vale la pena, entonces, puntualizar algunos hechos que, si se les da la adecuada importancia, nos permiten entender el momento actual no como un rayo que cayó en un día soleado, sino como parte de un trabajoso conflicto en el que hace rato estamos inmersos.

1- Hay que recordar que la experiencia kirchnerista surge de una catástrofe social y económica. Catástrofe que no fue espontánea, sino que se incubó desde 1989 –en las que gana el Partido Justicialista- hasta 2001, cuando cae el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso: más de 11 años de neoliberalismo. Se puede sostener que Menem mintió groseramente cuando ganó en 1989. Pero no mintió en 1995, cuando ya teníamos 18% de desempleo y un parte grande de la sociedad entraba en la precariedad económica más absoluta. El PJ apoyó masivamente ese período nefasto de la historia nacional, sin sufrir escisiones significativas. En 1999 ganó la Alianza, que “luchaba contra la corrupción” (menemista) pero con la que “un peso es un dólar”, o sea que sostenía la continuidad total del modelo económico-social neoliberal que había implantado el menemismo. Les tocó a ellos vivir el descalabro de una política económica que asumieron como propia.

2- Cuando se derrumba el delirante experimento económico de la “convertibilidad”, al fin de 2001, la inmensa mayoría de la sociedad argentina pasa por una situación gravísima de miseria, desempleo y privaciones. Sin embargo, a comienzos de 2003, o sea que a menos de un año y medio del estallido de la “convertibilidad”, los candidatos neoliberales abiertamente partidarios del experimento de los ´90 que se presentan a las elecciones (Menem y López Murphy), sacaron el ¡42%! de los votos. Por una alquimia electoral inventada por Duhalde gana las elecciones Néstor Kirchner con el 22% de los votos al no presentarse Menem al ballotage. No es un dato anecdótico: en el momento en que se inicia el ciclo kirchnerista, los votos abiertamente neoliberales (en su versión populista conservadora o “pura” y pro-norteamericana) son el 42% del electorado.

3- La reaparición de un proyecto neoliberal en 2015, no es entonces un problema de “memoria” de los argentinos: en 2003, a poquísimo tiempo de una catástrofe social como no conocíamos desde los años ´30 del siglo XX, una fracción importante de la población seguía insistiendo en apoyar a las políticas que nos llevaron al abismo.

¿Cómo habían entendido lo que había pasado? ¿Qué es lo que habían votado? ¿Por qué insistían en un modelo violentamente antipopular? Alguien puede señalar que históricamente en las elecciones argentinas hay un 20% de sectores abiertamente de derecha, muy conservadores, neoliberales en lo económico y autoritarios en lo político. Pero a ese porcentaje se sumaban más de 20 puntos de sectores medios y populares, menemistas, radicales, liberales o despolitizados.

4- Recordemos también que Néstor Kirchner fue la tercera opción de Duhalde, luego de que un candidato conservador como Reutemann no quiso aceptar la candidatura –probablemente hubiera ganado-, y otro candidato conservador como De la Sota, no medía lo suficiente en las encuestas previas. Esa era la orientación “natural” del caudillo del peronismo federal: buscaba un candidato conservador (como diría Pichetto de “centro nacional”), y moderadamente neoliberal. La candidatura de Kirchner llega por descarte de los anteriores, y surge en un espacio que dio respaldo político al experimento neoliberal de los ´90. De hecho, cuando Duhalde designa ministro de economía a Lavagna, también había convocado para ese puesto a Guillermo Calvo, un economista neoliberal que residía en el exterior. Lavagna, para suerte del país, llegó primero.

5- Kirchner desarrolló una política económica y social que le permitió ganar popularidad y disputar el poder dentro del peronismo. Lo logró, y se transformó en el líder de un espacio poblado por una variedad muy amplia de dirigentes, intereses e ideologías. El éxito de Néstor Kirchner represtigió a un espacio que no hizo autocrítica alguna de su apoyo al menemismo. La política económica kirchnerista en el primer tramo fue abiertamente keynesiana. Chocó con el FMI y el poderoso lobby neoliberal local (La Nación, los bancos, los bufetes de abogados, las grandes empresas, las multinacionales), pero el contexto de fuerte movilización social ayudó al Presidente a no ceder. El poder económico aceptó transitoriamente que alguien ajeno a su espacio de influencia, Kirchner, descomprimiera la brutal situación social, consecuencia directa de las políticas económicas que ellos habían implementado en los ´90. Lo aceptaban como “mal menor”, pero aspiraban a que se fuera una vez cumplida la tarea de bombero, para retomar el control del país. Kirchner construyó un respaldo social amplio, porque impulsó el crecimiento económico y la creación de empleo. El peronismo conservador aceptaba esa orientación política, porque daba votos y permitía conquistar cargos y lugares de poder, y al mismo tiempo no generaba –en ese tramo histórico- confrontaciones profundas con el poder real.

6- La candidatura de Cristina precipitó la ruptura con el grupo Clarín, lo que desata una batalla brutal por la “opinión pública”. Cristina, ya Presidenta, se tiene que bancar, a poco de asumir, la embestida violenta del “campo” –el complejo sojero y sectores subordinados-, que acaudilla una amplia coalición social que va desde lo más reaccionario del conservadorismo autoritario hasta grupos trotskistas y maoístas, pasando por amplias franjas medias que no entendían demasiado el conflicto, pero simpatizaban con el antiperonismo, ahora transmutado en antikirchnerismo. Ya comenzaban a estar telecomandados por los principales medios de comunicación, que se transformaron rápidamente en militantes de la destitución presidencial. En ese gran conflicto comenzaron a desgajarse algunos sectores del espacio que acompañaba al kirchnerismo porque quieren “irse al mazo” frente al poder económico. No quieren la confrontación. El intento de desestabilización del agro-golpismo fue descomunal, costó un enorme esfuerzo al gobierno kirchnerista reencauzar la situación. Mostró una verdadera radiografía ideológico-cultural de la sociedad argentina, el estado de las ideas y los actores concretos. Cuando la “patria sojera” fue capaz de llevar al Rosedal bastante más gente que la convocatoria que hizo el gobierno nacional y popular al Congreso -supuestamente apoyado por el “movimiento obrero organizado”-, se deberían haber sacado algunas conclusiones: el espectro conservador, gorila, o simplemente manipulable de la población era lo suficientemente grande e importante como para fantasear con desplazar, incluso anticipadamente, al gobierno kirchnerista. Había emergido un polo de derecha social, que fue capaz de engullirse a figuras “progresistas” o "éticas”… Recordemos el año: 2008.


7- El gobierno de Cristina supo sobreponerse a ese cuadro políticamente horrible, con mucha entereza, audacia y voluntad política, incluso recibiendo el tremendo golpe de la muerte de Néstor Kirchner. Se logró neutralizar en buena medida el impacto de la crisis global y la economía se recuperó. La decepción que provocó en su propio electorado el comportamiento infantil de la oposición, su atomización y carencia de un candidato atractivo (Hermes Binner, el socialista conservador, fue el más votado de ese espacio), contribuyeron a la victoria de Cristina, con el 54% de los votos. Contrariamente a lo que se sostiene a veces, esa victoria también fue afectada por la intensa campaña mediática: no cabe duda que sin la avalancha de mentiras e infamias volcadas cotidiana y metódicamente sobre la población el resultado hubiera sido más abultado a su favor. De hecho el macrismo retomó, al pie de la letra, toda la argumentación desplegada al unísono por Clarín y La Nación durante los 8 años de Cristina. Para comprender el presente, tenemos que entender que el macrismo, en tanto reagrupamiento de la derecha argentina, gozó de hecho de una larguísima campaña electoral que se inició desde el conflicto del campo protagonizada por el amplio aparato comunicacional de la derecha y el empresariado. Es más: recuperó los no pocos residuos ideológicos y falacias económicas que dejó en su tiempo la “primavera menemista”.

8- Además del deterioro drástico de la situación económica internacional a partir de la crisis financiera de 2008 –Argentina, como cualquier país periférico no estaba “blindada” frente a una crisis mundial-, se cometieron diversos errores en la gestión interna del kirchnerismo (energía, transporte, tipo de cambio, combate a la inflación, estructura impositiva, coordinación macroeconómica). Las dificultades externas y los errores -sobre los que no hemos discutido-, crearon las condiciones para que en sus dos últimos años, el gobierno tuviera que defenderse de un potencial golpe de mercado cuyo objetivo era crear una hecatombe económica y social similar a la que volteó al debilitado gobierno de Raúl Alfonsín en 1989. Se notó nuevamente, como en la crisis de 2008, la falta de una construcción política sólida del kirchnerismo, ya que no se lograba dejar en claro a las mayorías nacionales qué era lo que ocurría y quienes eran los protagonistas de problemas tales como la inflación, la especulación cambiaria, o las sistemáticas olas de rumores e infundios. Nuevas técnicas de movilización social, como los cacerolazos, mostraban que la derecha local estaba cada vez más violenta y en viraje hacia formas proto-fascistas, y que escalaba en su enfrentamiento para derribar a un gobierno que detestaba. Los caceroleros -masivos en algún momento-, por su espíritu reaccionario, individualista, violento y cipayo fueron otra vertiente clara que luego confluiría naturalmente en el macrismo.

9- No cabe duda que la experiencia de 12 años de Néstor y Cristina, al desembocar en la candidatura de Daniel Scioli, mostró serios problemas del propio kirchnerismo. No me refiero a anécdotas menores del proceso de selección del candidato, o a las graves fallas de la campaña. Pienso en un espacio político que se caracterizó por sostener un enfrentamiento en algunos momentos heroico con el establishment local y los intereses del imperio –para no hablar sobre su desobediencia en relación a los “mandatos” de la globalización neoliberal- pero que terminó desembocando en la proclamación de un candidato “moderado”. Candidato que no reflejaba ese espíritu rebelde, osado, capaz de salirse de los moldes “aceptables” que tanto inquietó a la clase dominante local. Cristina y Néstor encarnaban otra dinámica de autonomía sudamericana, otro sistema de alianzas internacionales diferente al de las potencias atlánticas, y otra configuración de poder social totalmente ajeno al mundo conceptual de la clase dominante local. Scioli era, de alguna forma, el peronismo tradicional, sin voluntad de lucha ni de transformación, asumiéndose como un “promedio” de las presiones sociales, en el que los políticos sólo hacen de fiel de la balanza para obtener el mejor resultado electoral, pero sin horizonte transformador alguno, ni voluntad de generar poder propio.

10- Si se observa el espectro de los candidatos más votados en 2015, Scioli, Massa y Macri, nadie puede decir que la parte de la sociedad que pide y desea transformaciones estaba aceptablemente representada. Se diría que se votó un espectro del centro a la derecha, tenuemente independiente o francamente servidor del poder económico y mediático. ¿Alguien puede decir que se llegó a esa situación por casualidad? ¿No reflejaban esos candidatos una correlación de fuerzas sociales donde lo conservador, lo “moderado”, lo resignado, eran preponderantes? Scioli sacó el 49% de los votos. ¿Qué significaba el voto a Scioli? Para algunos, la defensa de los logros del período kirchnerista –como si ya hubiéramos arribado a una suerte de meta final-. Para otros, tratar de sostener la tendencia al cambio que se había observado en la práctica en la dinámica kirchnerista, porque los logros de los 12 años no eran suficientes para tener un país deseado. En todo caso, todos juntos perdimos frente al polo de la regresión.

11- El argumento que Macri ganó sólo con el 51% –y que por lo tanto no está habilitado para cambiar tantas cosas- es cierto, pero sería quedarse en un análisis político circunscripto a lo electoral. Macri gana con el respaldo de todo el poder económico concentrado de la Argentina detrás, con los medios de comunicación monopólicos que hostigaron al kirchnerismo y generaron el odio que hoy vivimos, con buena parte del sistema judicial conservador y aliado tradicional de la clase dominante, con todo el respaldo de Estados Unidos y la Unión Europea –prestos a hacer negocios gracias al macrismo-, y de todas las derechas de América Latina. No es el 51% electoral, sino la totalidad de poderes fácticos, lo que le da al macrismo su capacidad para embestir contra todo lo logrado en materia de democratización, igualdad y soberanía. En realidad el electorado macrista es heterogéneo, variado, y complejo y no constituye un respaldo suficiente para las políticas que se están impulsando.

12- Por lo tanto, ¿Cuál sería la sorpresa de la ola amarilla? ¿Cuál es el dato inesperado? ¿Cuál es el país que “cambió” y que antes no estaba? Ese 40% ya estaba hace rato. El odio al kirchnerismo, que la clase dominante supo transmitirle a sectores medios y bajos, estaba hace rato. Los criterios reaccionarios, individualistas, insolidarios y cipayos que hoy encuentran expresión en las políticas macristas, estaban presentes en miles de opiniones, carteles, declaraciones, tweets, comentarios en los diarios, opiniones de vecinos, programas de televisión. Todo eso estaba hace rato, y no lo inventó el macrismo, sino que fue precisamente al revés: diversos sectores de la derecha social y política, que estaban dispersos en varios espacios –incluidos el peronismo y el radicalismo- han elegido al macrismo para reagruparse en un gran espacio retrógrado, antinacional y antipopular. Incluso nos olvidamos de la dictadura cívico-militar, que por su fracaso no fue reivindicada por ningún espacio político-partidario, contó indudablemente con cierto respaldo en sectores sociales de mentalidad autoritaria y fascistoide, que no se esfumaron al escuchar las apelaciones democráticas a la tolerancia.

13- Pero además está funcionando a pleno el aparato mediático comunicacional, tratando en un esfuerzo enorme de mostrar que el macrismo no es una reedición de las experiencias desastrosas de Martínez de Hoz y Cavallo. Recordemos la increíble cantidad de mentiras dichas por Macri durante la campaña, a un público cuya capacidad crítica ha sido aplanada por un efectivo mensaje mediático. El aparato de manipulación está más aceitado que nunca, y coordina noticias, acciones judiciales, acciones para-militares (Gendarmería), tapas de diarios y horarios centrales de la televisión, ejecutando siempre una melodía perfectamente acordada entre el poder político y mediático-judicial. ¿Cuantos votos fueron miserablemente robados en base a la mentira directa, aprovechando la despolitización de muchos? La manipulación macrista opera sobre las debilidades políticas, ideológicas y culturales de los actores del campo popular. Eso nos lleva a volver la mirada sobre nosotros mismos.Sobre la depresión kirchnerista


Para comprender el presente, que contiene un estado de ánimo derrotista en las fuerzas del kirchnerismo, tenemos que entender que el macrismo, en tanto reagrupamiento de la derecha argentina, gozó de una larguísima campaña electoral que se inició desde el conflicto del campo protagonizada por el amplio aparato comunicacional de la derecha y el empresariado, con la cual recuperó los no pocos residuos ideológicos y falacias económicas que dejó en su tiempo la “primavera menemista”. El kirchnerismo tiene que dejar de ser una suerte de espacio nostálgico y añorante de un pasado irrepetible y convertirse en un espacio organizado, inteligente, creativo que dé cabida y posibilidades genuinas de participación a todo el potencial militante que tiene.

Por Ricardo Aronskind*
(para La Tecl@ Eñe)
Luego de las PASO se vieron los primeros síntomas
Y después del 22 de octubre, se acentuaron los sentimientos negativos. Me refiero a un estado de ánimo sombrío que cubrió a parte del amplio espectro kirchnerista.

Debo decir que me sorprendió el efecto que logró Cambiemos sobre el electorado nacional y popular. No espero que el público despolitizado esté alerta ante las maniobras manipulativas del gobierno. El estado de credulidad hace que muchos elefantes pasen inadvertidos. Pero creo que un público politizado, que posee una mirada muy crítica de lo que es el macrismo, y que está alertado sobre sus capacidades de confundir y engañar, no debió haber caído en la trampa psicológica implícita en la demora en la entrega de datos, para borronear la victoria de Cristina en las PASO, contra la descomunal campaña mediático-judicial.

En la elección de legisladores, el 22 de octubre, cuando Cristina conquistó aún más votos, pero donde perdió ante un candidato que recibió una transfusión de votos anti-k desde un massismo en declinación, el clima se volvió más lúgubre.

Cambiemos era claramente la primera fuerza nacional, había ganado en los principales distritos, y en todos los barrios de la CABA. Sus políticas socialmente regresivas, pro-empresariales, endeudadoras, su colosal venta de fantasías, parecían ser convalidadas. La desaparición y muerte de Santiago Maldonado no habían afectado a una parte del electorado satisfecho por el espíritu derechista que animaba al gobierno. No es para festejar. Pero ¿es para ver totalmente negro el panorama político del país?

A partir de ese momento se escucharon en nuestro espacio todo tipo de reflexiones fatalistas: “se quedan 8 años”… “se quedan para siempre”… “son imparables”… “vienen por todo”… etc., etc.

A eso se añadió un ingrediente que nunca falta, ante cualquier gobierno exitoso en sus primeras elecciones: aquellos que explican el resultado, y que lo empiezan a ver como… positivo. “Derecha democrática y moderna”, por ejemplo.

Se percibía en muchos una sensación de debacle, de país que había cambiado profundamente, que se derechizaba a alta velocidad, que aceptada la eliminación de los logros de los 12 años kirchneristas en forma pasiva, y en algunos casos, con alegría. Incluso hasta el “consenso alfonsinista” sobre la relevancia ética de los derechos humanos parecía cuestionado. Franjas del peronismo que participaron en el Frente para la Victoria acordaban, e incluso tendían a acompañar a la actual gestión neoliberal. Todo parecía disgregarse.

Una sensación de extrañamiento en relación a la sociedad se extendía, que llegaba incluso a una decepción con el propio país. Se había evaporado un sueño, y no quedaba nada…

Algunos compañeros habían pasado de las expectativas que el macrismo se derrumbara rápidamente, envuelto en un segundo “20 de diciembre”, o que sería ampliamente vapuleado en las urnas por una súbita iluminación popular… a las peores visiones apocalípticas…


Problemas de lectura histórica:

Entiendo que en algunos compañeros pueden haber funcionado una serie de imágenes e ilusiones que llevaron a una lectura errónea del momento presente. “La caída del paraíso al infierno”

Quizás en esta polarización subyace una lectura parcial de la historia pasada: la del kirchnerismo, y también la del período previo al kirchnerismo.

Vale la pena, entonces, puntualizar algunos hechos que, si se les da la adecuada importancia, nos permiten entender el momento actual no como un rayo que cayó en un día soleado, sino como parte de un trabajoso conflicto en el que hace rato estamos inmersos.

1- Hay que recordar que la experiencia kirchnerista surge de una catástrofe social y económica. Catástrofe que no fue espontánea, sino que se incubó desde 1989 –en las que gana el Partido Justicialista- hasta 2001, cuando cae el gobierno de la Alianza UCR-Frepaso: más de 11 años de neoliberalismo. Se puede sostener que Menem mintió groseramente cuando ganó en 1989. Pero no mintió en 1995, cuando ya teníamos 18% de desempleo y un parte grande de la sociedad entraba en la precariedad económica más absoluta. El PJ apoyó masivamente ese período nefasto de la historia nacional, sin sufrir escisiones significativas. En 1999 ganó la Alianza, que “luchaba contra la corrupción” (menemista) pero con la que “un peso es un dólar”, o sea que sostenía la continuidad total del modelo económico-social neoliberal que había implantado el menemismo. Les tocó a ellos vivir el descalabro de una política económica que asumieron como propia.

2- Cuando se derrumba el delirante experimento económico de la “convertibilidad”, al fin de 2001, la inmensa mayoría de la sociedad argentina pasa por una situación gravísima de miseria, desempleo y privaciones. Sin embargo, a comienzos de 2003, o sea que a menos de un año y medio del estallido de la “convertibilidad”, los candidatos neoliberales abiertamente partidarios del experimento de los ´90 que se presentan a las elecciones (Menem y López Murphy), sacaron el ¡42%! de los votos. Por una alquimia electoral inventada por Duhalde gana las elecciones Néstor Kirchner con el 22% de los votos al no presentarse Menem al ballotage. No es un dato anecdótico: en el momento en que se inicia el ciclo kirchnerista, los votos abiertamente neoliberales (en su versión populista conservadora o “pura” y pro-norteamericana) son el 42% del electorado.

3- La reaparición de un proyecto neoliberal en 2015, no es entonces un problema de “memoria” de los argentinos: en 2003, a poquísimo tiempo de una catástrofe social como no conocíamos desde los años ´30 del siglo XX, una fracción importante de la población seguía insistiendo en apoyar a las políticas que nos llevaron al abismo.

¿Cómo habían entendido lo que había pasado? ¿Qué es lo que habían votado? ¿Por qué insistían en un modelo violentamente antipopular? Alguien puede señalar que históricamente en las elecciones argentinas hay un 20% de sectores abiertamente de derecha, muy conservadores, neoliberales en lo económico y autoritarios en lo político. Pero a ese porcentaje se sumaban más de 20 puntos de sectores medios y populares, menemistas, radicales, liberales o despolitizados.

4- Recordemos también que Néstor Kirchner fue la tercera opción de Duhalde, luego de que un candidato conservador como Reutemann no quiso aceptar la candidatura –probablemente hubiera ganado-, y otro candidato conservador como De la Sota, no medía lo suficiente en las encuestas previas. Esa era la orientación “natural” del caudillo del peronismo federal: buscaba un candidato conservador (como diría Pichetto de “centro nacional”), y moderadamente neoliberal. La candidatura de Kirchner llega por descarte de los anteriores, y surge en un espacio que dio respaldo político al experimento neoliberal de los ´90. De hecho, cuando Duhalde designa ministro de economía a Lavagna, también había convocado para ese puesto a Guillermo Calvo, un economista neoliberal que residía en el exterior. Lavagna, para suerte del país, llegó primero.

5- Kirchner desarrolló una política económica y social que le permitió ganar popularidad y disputar el poder dentro del peronismo. Lo logró, y se transformó en el líder de un espacio poblado por una variedad muy amplia de dirigentes, intereses e ideologías. El éxito de Néstor Kirchner represtigió a un espacio que no hizo autocrítica alguna de su apoyo al menemismo. La política económica kirchnerista en el primer tramo fue abiertamente keynesiana. Chocó con el FMI y el poderoso lobby neoliberal local (La Nación, los bancos, los bufetes de abogados, las grandes empresas, las multinacionales), pero el contexto de fuerte movilización social ayudó al Presidente a no ceder. El poder económico aceptó transitoriamente que alguien ajeno a su espacio de influencia, Kirchner, descomprimiera la brutal situación social, consecuencia directa de las políticas económicas que ellos habían implementado en los ´90. Lo aceptaban como “mal menor”, pero aspiraban a que se fuera una vez cumplida la tarea de bombero, para retomar el control del país. Kirchner construyó un respaldo social amplio, porque impulsó el crecimiento económico y la creación de empleo. El peronismo conservador aceptaba esa orientación política, porque daba votos y permitía conquistar cargos y lugares de poder, y al mismo tiempo no generaba –en ese tramo histórico- confrontaciones profundas con el poder real.

6- La candidatura de Cristina precipitó la ruptura con el grupo Clarín, lo que desata una batalla brutal por la “opinión pública”. Cristina, ya Presidenta, se tiene que bancar, a poco de asumir, la embestida violenta del “campo” –el complejo sojero y sectores subordinados-, que acaudilla una amplia coalición social que va desde lo más reaccionario del conservadorismo autoritario hasta grupos trotskistas y maoístas, pasando por amplias franjas medias que no entendían demasiado el conflicto, pero simpatizaban con el antiperonismo, ahora transmutado en antikirchnerismo. Ya comenzaban a estar telecomandados por los principales medios de comunicación, que se transformaron rápidamente en militantes de la destitución presidencial. En ese gran conflicto comenzaron a desgajarse algunos sectores del espacio que acompañaba al kirchnerismo porque quieren “irse al mazo” frente al poder económico. No quieren la confrontación. El intento de desestabilización del agro-golpismo fue descomunal, costó un enorme esfuerzo al gobierno kirchnerista reencauzar la situación. Mostró una verdadera radiografía ideológico-cultural de la sociedad argentina, el estado de las ideas y los actores concretos. Cuando la “patria sojera” fue capaz de llevar al Rosedal bastante más gente que la convocatoria que hizo el gobierno nacional y popular al Congreso -supuestamente apoyado por el “movimiento obrero organizado”-, se deberían haber sacado algunas conclusiones: el espectro conservador, gorila, o simplemente manipulable de la población era lo suficientemente grande e importante como para fantasear con desplazar, incluso anticipadamente, al gobierno kirchnerista. Había emergido un polo de derecha social, que fue capaz de engullirse a figuras “progresistas” o "éticas”… Recordemos el año: 2008.


7- El gobierno de Cristina supo sobreponerse a ese cuadro políticamente horrible, con mucha entereza, audacia y voluntad política, incluso recibiendo el tremendo golpe de la muerte de Néstor Kirchner. Se logró neutralizar en buena medida el impacto de la crisis global y la economía se recuperó. La decepción que provocó en su propio electorado el comportamiento infantil de la oposición, su atomización y carencia de un candidato atractivo (Hermes Binner, el socialista conservador, fue el más votado de ese espacio), contribuyeron a la victoria de Cristina, con el 54% de los votos. Contrariamente a lo que se sostiene a veces, esa victoria también fue afectada por la intensa campaña mediática: no cabe duda que sin la avalancha de mentiras e infamias volcadas cotidiana y metódicamente sobre la población el resultado hubiera sido más abultado a su favor. De hecho el macrismo retomó, al pie de la letra, toda la argumentación desplegada al unísono por Clarín y La Nación durante los 8 años de Cristina. Para comprender el presente, tenemos que entender que el macrismo, en tanto reagrupamiento de la derecha argentina, gozó de hecho de una larguísima campaña electoral que se inició desde el conflicto del campo protagonizada por el amplio aparato comunicacional de la derecha y el empresariado. Es más: recuperó los no pocos residuos ideológicos y falacias económicas que dejó en su tiempo la “primavera menemista”.

8- Además del deterioro drástico de la situación económica internacional a partir de la crisis financiera de 2008 –Argentina, como cualquier país periférico no estaba “blindada” frente a una crisis mundial-, se cometieron diversos errores en la gestión interna del kirchnerismo (energía, transporte, tipo de cambio, combate a la inflación, estructura impositiva, coordinación macroeconómica). Las dificultades externas y los errores -sobre los que no hemos discutido-, crearon las condiciones para que en sus dos últimos años, el gobierno tuviera que defenderse de un potencial golpe de mercado cuyo objetivo era crear una hecatombe económica y social similar a la que volteó al debilitado gobierno de Raúl Alfonsín en 1989. Se notó nuevamente, como en la crisis de 2008, la falta de una construcción política sólida del kirchnerismo, ya que no se lograba dejar en claro a las mayorías nacionales qué era lo que ocurría y quienes eran los protagonistas de problemas tales como la inflación, la especulación cambiaria, o las sistemáticas olas de rumores e infundios. Nuevas técnicas de movilización social, como los cacerolazos, mostraban que la derecha local estaba cada vez más violenta y en viraje hacia formas proto-fascistas, y que escalaba en su enfrentamiento para derribar a un gobierno que detestaba. Los caceroleros -masivos en algún momento-, por su espíritu reaccionario, individualista, violento y cipayo fueron otra vertiente clara que luego confluiría naturalmente en el macrismo.

9- No cabe duda que la experiencia de 12 años de Néstor y Cristina, al desembocar en la candidatura de Daniel Scioli, mostró serios problemas del propio kirchnerismo. No me refiero a anécdotas menores del proceso de selección del candidato, o a las graves fallas de la campaña. Pienso en un espacio político que se caracterizó por sostener un enfrentamiento en algunos momentos heroico con el establishment local y los intereses del imperio –para no hablar sobre su desobediencia en relación a los “mandatos” de la globalización neoliberal- pero que terminó desembocando en la proclamación de un candidato “moderado”. Candidato que no reflejaba ese espíritu rebelde, osado, capaz de salirse de los moldes “aceptables” que tanto inquietó a la clase dominante local. Cristina y Néstor encarnaban otra dinámica de autonomía sudamericana, otro sistema de alianzas internacionales diferente al de las potencias atlánticas, y otra configuración de poder social totalmente ajeno al mundo conceptual de la clase dominante local. Scioli era, de alguna forma, el peronismo tradicional, sin voluntad de lucha ni de transformación, asumiéndose como un “promedio” de las presiones sociales, en el que los políticos sólo hacen de fiel de la balanza para obtener el mejor resultado electoral, pero sin horizonte transformador alguno, ni voluntad de generar poder propio.

10- Si se observa el espectro de los candidatos más votados en 2015, Scioli, Massa y Macri, nadie puede decir que la parte de la sociedad que pide y desea transformaciones estaba aceptablemente representada. Se diría que se votó un espectro del centro a la derecha, tenuemente independiente o francamente servidor del poder económico y mediático. ¿Alguien puede decir que se llegó a esa situación por casualidad? ¿No reflejaban esos candidatos una correlación de fuerzas sociales donde lo conservador, lo “moderado”, lo resignado, eran preponderantes? Scioli sacó el 49% de los votos. ¿Qué significaba el voto a Scioli? Para algunos, la defensa de los logros del período kirchnerista –como si ya hubiéramos arribado a una suerte de meta final-. Para otros, tratar de sostener la tendencia al cambio que se había observado en la práctica en la dinámica kirchnerista, porque los logros de los 12 años no eran suficientes para tener un país deseado. En todo caso, todos juntos perdimos frente al polo de la regresión.

11- El argumento que Macri ganó sólo con el 51% –y que por lo tanto no está habilitado para cambiar tantas cosas- es cierto, pero sería quedarse en un análisis político circunscripto a lo electoral. Macri gana con el respaldo de todo el poder económico concentrado de la Argentina detrás, con los medios de comunicación monopólicos que hostigaron al kirchnerismo y generaron el odio que hoy vivimos, con buena parte del sistema judicial conservador y aliado tradicional de la clase dominante, con todo el respaldo de Estados Unidos y la Unión Europea –prestos a hacer negocios gracias al macrismo-, y de todas las derechas de América Latina. No es el 51% electoral, sino la totalidad de poderes fácticos, lo que le da al macrismo su capacidad para embestir contra todo lo logrado en materia de democratización, igualdad y soberanía. En realidad el electorado macrista es heterogéneo, variado, y complejo y no constituye un respaldo suficiente para las políticas que se están impulsando.

12- Por lo tanto, ¿Cuál sería la sorpresa de la ola amarilla? ¿Cuál es el dato inesperado? ¿Cuál es el país que “cambió” y que antes no estaba? Ese 40% ya estaba hace rato. El odio al kirchnerismo, que la clase dominante supo transmitirle a sectores medios y bajos, estaba hace rato. Los criterios reaccionarios, individualistas, insolidarios y cipayos que hoy encuentran expresión en las políticas macristas, estaban presentes en miles de opiniones, carteles, declaraciones, tweets, comentarios en los diarios, opiniones de vecinos, programas de televisión. Todo eso estaba hace rato, y no lo inventó el macrismo, sino que fue precisamente al revés: diversos sectores de la derecha social y política, que estaban dispersos en varios espacios –incluidos el peronismo y el radicalismo- han elegido al macrismo para reagruparse en un gran espacio retrógrado, antinacional y antipopular. Incluso nos olvidamos de la dictadura cívico-militar, que por su fracaso no fue reivindicada por ningún espacio político-partidario, contó indudablemente con cierto respaldo en sectores sociales de mentalidad autoritaria y fascistoide, que no se esfumaron al escuchar las apelaciones democráticas a la tolerancia.

13- Pero además está funcionando a pleno el aparato mediático comunicacional, tratando en un esfuerzo enorme de mostrar que el macrismo no es una reedición de las experiencias desastrosas de Martínez de Hoz y Cavallo. Recordemos la increíble cantidad de mentiras dichas por Macri durante la campaña, a un público cuya capacidad crítica ha sido aplanada por un efectivo mensaje mediático. El aparato de manipulación está más aceitado que nunca, y coordina noticias, acciones judiciales, acciones para-militares (Gendarmería), tapas de diarios y horarios centrales de la televisión, ejecutando siempre una melodía perfectamente acordada entre el poder político y mediático-judicial. ¿Cuantos votos fueron miserablemente robados en base a la mentira directa, aprovechando la despolitización de muchos? La manipulación macrista opera sobre las debilidades políticas, ideológicas y culturales de los actores del campo popular. Eso nos lleva a volver la mirada sobre nosotros mismos.


La necesidad de una redefinición del kirchnerismo:

Hay una versión “encantada” del kirchnerismo que debe ser superada.

Es razonable que, en el fragor de la disputa política, un espacio político enaltezca sus logros y minimice sus problemas. Pero en algún momento es necesario entender que junto con los logros y los momentos heroicos, que los hubo y fueron los más grandes desde que se recuperó la democracia, ha habido fallas de gestión, de previsión de problemas que no se atacaron a tiempo, de tropiezos que pudieron haberse evitado. No debemos recordar los 12 años como una sucesión ininterrumpida de éxitos en los cuales vivimos de festejo en festejo en las plazas de la República, porque fue un tiempo duro y complejo. Hoy se hace evidente que hubo falta clara de construcción política, de organizar el espacio (la comunicación, los recursos, las respuestas políticas rápidas frente a la realidad), de formación de cuadros y de debate político. Se estaba en el gobierno, en el Estado, y se confió que con eso alcanzaba. Cristina ha dicho  que ella tuvo, a lo sumo “el 20/25% del poder”. ¿Queda claro? Es fundamental entender esto: el kirchnerismo, en el poder, con el aparato del Estado, tuvo “el 25% del poder”.

Estar en el Estado–como nos señala Cristina- no es tener el poder, y el poder se construye, no se toma en una elección. Se puede construir poder desde el Estado, como ocurrió por una muy particular coyuntura, con el kirchnerismo. Pero si no se está allí, una fuerza transformadora debería buscar construir poder desde el llano.

Lo cierto es que no se construyó, en paralelo a la compleja tarea gubernativa, una fuerza vigorosa independiente de las estructuras estatales. El kirchnerismo nació en el Estado, se consolidó gracias a la acción estatal –que no es lo mismo que decir, como hace la derecha, que fue “gracias a los fondos” estatales-. El proyecto se consolidó, y fue reconocido y valorado, por sus políticas públicas inclusivas y su defensa firme de los intereses populares.

Pero el kirchnerismo no había hecho hasta ahora el recorrido en el llano, sin puestos, sin fondos, sin “lugares de figuración”, con sinsabores, hostilidad del aparato gubernamental, y con todas las dificultades y limitaciones típicas de estar en el llano.

También se deben entender los desgajamientos que ha sufrido el kirchnerismo, no como una señal de la irremediable disolución de la fuerza. La diferencia entre un período de crecimiento económico más o menos armónico, y un período de confrontación con sectores poderosos y crisis externa sirven para explicar parte de los fraccionamientos. Y la diferencia entre estar en el Estado, y estar fuera de él, permiten comprender otros alejamientos.

Para lograr explicar el tiempo presente hay que evitar reducir las defecciones políticas a simples problemas de chantaje por supuestos delitos con las que el gobierno macrista logra neutralizar ex -kirchneristas.

Repasemos los 12 años: ya Duhalde, no en vano caudillo del principal distrito electoral, chocó y repudió a Néstor Kirchner durante su primer mandato. En 2009 De Narváez triunfó en provincia de Buenos Aires, contando con numerosos votos del peronismo no kirchnerista. Más tarde, Massa asumió abiertamente la meta –pedida por el establishment económico y mediático- de protagonizar y capitalizar el voto peronista anti-K, para fracturar y debilitar al kirchnerismo/peronismo. Y lo logró parcialmente, transformándose en el candidato “peronista” favorito del establishment.

Con la llegada del macrismo al gobierno, un espectro de integrantes del Frente para la Victoria se sintieron “liberados” de continuar en el espacio kirchnerista: los Bossio, los Pichetto, gobernadores provinciales, intendentes, buena parte del gremialismo peronista. ¿Qué expresaba su alejamiento? El malestar frente al devenir político del kirchnerismo, a esa trayectoria hecha de intuiciones políticas y confrontaciones reales que los colocó en la vereda de enfrente de los principales poderes fácticos. No quieren seguir más en una “aventura rebelde”, que no sienten como propia.

Quieren volver a su vieja adscripción ideológica conservadora popular, o los más “modernos” como Urtubey, asumir la nueva identidad neoliberal-popular. Desean ser el ala “sensible” del subdesarrollado capitalismo local, que es lo mismo que ser los administradores “sensibles” de la globalización neoliberal en la neocolonia argentina.
La desprotección actual que se siente en el kirchnerismo deviene no tanto de la acción de macrismo, como de la falta de una articulación orgánica sólida de este importante espacio político. ¿Cómo es posible que nos encontremos casi sin medios propios, sin capacidad de reacción masiva y solidaria frente a los ataques y las medidas reaccionarias del macrismo, sin un discurso unificado y una interpretación propia de la historia reciente, sin tareas políticas concretas para miles y miles de personas que desean hacer política?

No se ha reaccionado frente al nuevo escenario, que ya está cumpliendo dos años, y que por falta de organización termina cargando a Cristina con todas las decisiones y todas las iniciativas. Cuando ella reclamo una auditoría integral de la obra pública ¿por qué este espacio no salió masivamente a reclamar en todas las calles del país una medida que golpearía en el centro del verso macrista-honestista de la “corrupción K”?

La necesidad imperiosa de una reinvención del kirchnerismo deviene de su peculiar nacimiento a partir de ocupar el Estado, haber crecido en forma vertical y sin desarrollar capacidades organizacionales autónomas de las estructuras estatales.

Y también de la imprevisión política que existió sobre otra situación que era totalmente posible en democracia- y más aún si nuestro pico electoral máximo fue del 54% y no del 70%-: la posibilidad real de perder las elecciones.
No sirve ni es bueno políticamente idealizar a la sociedad, al pueblo o a la propia fuerza política, y confiar en que los resultados que se darán por arte de magia. El trabajo, el arduo trabajo militante es la base sólida de cualquier logro político.

El kirchnerismo tiene que dejar de ser una suerte de espacio nostálgico y añorante de un pasado irrepetible, un enorme archipiélago estático y sumido en la depresión, y convertirse en un espacio organizado, inteligente, creativo  que dé cabida y posibilidades genuinas de participación a todo el potencial militante que tiene.

Un espacio que sea hoy capaz de dar un lugar para el pensamiento y la acción a decenas de miles de mujeres y hombres valiosos, comprometidos y dispuestos a poner sus esfuerzos en la vertebración de una fuerza capaz de acometer las enormes tareas pendientes para lograr (no por un ratito) una Argentina justa, libre y soberana.

Buenos Aires, 13 de noviembre

*Licenciado en Economía UBA y Magíster en Relaciones Internacionales por FLACSO. Candidato a Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires. Investigador-docente en la Universidad Nacional de general Sarmiento, en el Instituto de Desarrollo Humano.
Profesor en la Facultad de Cs. Sociales y Cs. Económicas de la UBA. Docente en la maestría de Historia Económica en la FCE UBA, y en la Maestría en Cs. Sociales del Trabajo en el Centro de Estudios Avanzados de la UBA.

viernes, 8 de abril de 2016

HAY UN PERONISMO QUE EMPIEZA A SALIR DE LA CONMOCIÓN

Veinte intendentes enrolados en el Frente para la Victoria bonaerense reclamaron, como conclusión del encuentro que tuvieron en la ciudad de Roque Pérez, una urgente aclaración del presidente Mauricio Macri, sobre su participación en el escándalo “Panamá Papers” de sociedades offshore, y en paralelo manifestaron su preocupación frente a la “alarmante precariedad de los elementos judiciales que intentan fundamentar” la situación judicial de Cristina Fernández de Kirchner en la causa por la venta de dólares a futuro del Banco Central, por la que está citada a declarar, en el tramo final de su gestión.
En la segunda reunión del año, los jefes comunales junto a diputados nacionales y provinciales, y referentes territoriales, reafirmaron su “respaldo y compromiso” con CFK como “claro referente y líder natural del espacio político”.
El intendente de Roque Pérez, Juan Carlos Gasparini, fue el anfitrión de un cónclave que no ahorró críticas a la gestión del gobierno nacional: “Expresamos nuestra profunda preocupación por el encadenado aumento de tarifas, que sumó al brutal incremento de la luz, una fuerte suba de gas, agua y transporte. Más aún, esta modificación de los cuadros tarifarios de los principales servicios impacta negativamente sobre la estructura industrial – fundamentalmente las PyMES- cuyos costos los dejan fuera de mercado”.
Además, los jefes comunales alertaron que comenzaron a sentir en los municipios “un incremento de las demandas sociales básicas, de manera tristemente inédita para la experiencia de los últimos años”. Y en ese sentido, observaron “el creciente incremento en los pedidos de cupos para los comedores escolares y merenderos de nuestros distritos”.
Como consecuencia de la devaluación operada de enero a marzo, que ponderaron en alrededor del 60%, y su traslado a los precios, “percibimos una dramática caída del consumo en nuestras comunidades y su negativo correlato en la estructura de comercio minorista”.
Advirtieron que una secuela real de esta situación, en varios municipios, es la “baja de comercios”, que “por primera vez en una década, durante el último bimestre, supera a las nuevas habilitaciones”.
Además, los intendentes plantearon su inquietud por “la paralización de la obra pública, la consecuente detención de la mejora de la calidad de vida de nuestras comunidades, y el impacto que la misma tiene sobre el empleo”.
En ese sentido, destacaron el “virtuoso proceso de intervención del Estado, articulado desde el ministerio de Planificación Federal por Julio De Vido” y denunciaron que “junto a la detención de las obras necesarias, existe también una impronta de judicialización de toda la obra pública en general, lo que más allá de algunos casos puntuales, llama poderosamente nuestra atención”.
Junto al diputado nacional Gustavo Arrieta, participaron de la reunión en Roque Pérez, los intendentes Mario Secco, Ensenada; Ricardo Casi, Colón; Germán Lago, Alberti; Néstor Álvarez, Guaminí; Marcelo Santillán, González Chávez;  Hugo Corvatta, Saavedra; Roberto Alvarez, Tres Lomas; Francisco Durañona, San Antonio de Areco; Juan Patricio Mussi, Berazategui; Santiago Maggiotti, Navarro; Gustavo Menéndez, Merlo; Eduardo Bucca, Bolívar; Alejandro Acerbo, Daireaux; Gustavo Cocconi, Tapalqué; Osvaldo Caffaro, Zarate; Hernán Ralinqueo, 25 de Mayo; Hernán Bertellys, Azul; Juan Carlos Veramendi, General Paz; Juan Ustarroz, Mercedes.
También asistieron los diputados provinciales Juan Mussi, César Valicenti, Miguel Funes, Gabriel Godoy, Walter Avarca y el senador provincial, Daniel Barrera.
Los referentes locales: Enrique Slezack, Berisso; Gastón Arias, Brandsen; Gustavo Sobrero, Lobos; Ariel Notta, Luján; Raúl Basualdo, San Miguel del Monte; Daniel Di Sabatino, San Vicente; Juan Pablo Anghileri, General Rodríguez; Antonio Delfino, Suipacha; Marta Susana Medici, Alberti; Guillermo Santillán, Olavarría; Jorge Eijo, General Belgrano; Diego Yason, Saladillo; Gerardo Zarandono y Guillermo Gallardo.

lunes, 7 de marzo de 2016

El dilema de los gobernadores del PJ ante la aprobación del Mandato Griesa

El gobierno y los medios de comunicación concentrados, están ejerciendo una enorme presión sobre los gobernadores del PJ para que instruyan a los legisladores de sus provincias a aprobar los DNU de Márquez. 
Es a través del mensaje subliminal y muchas veces explícito de todas las estructuras del gobierno y de los medios masivos de comunicación planteando que solo habrá dinero para las provincias cuyo legisladores aprueben los DNU.
Los dirigentes políticos argentinos de absolutamente todos los partidos y facciones, incluidos los radicales pro PRO, y los propios miembros del PRO, saben con certeza lo que ocurrirá si el país vuelve a incrementar su endeudamiento.
O piensan que es cierto que se está buscando deuda productiva, deuda para infraestructura, deuda para el crecimiento?
Creemos que no saben que todos los endeudamientos de la historia de los países dependientes son y han sido solamente para beneficio de los sectores menos productivos: la intermediación exportadora y financiera?
Los gobernadores saben perfectamente que lo más posible es que no vean un peso, a pesar de todas las promesas que les hagan y que por mas papeles que se firmen, serán borrados impiadosamente con una mera resolución o con un decreto.
También saben que la exigencia de pago en efectivo por parte de los Buitres está asentada en la certeza de que habrá nuevos embargos propiciados en cualquier parte del mundo por cualquiera de los buitres que no acuerden y posiblemente por aquellos que habiendo acordado en los primeros cierres, encuentren un tribunal “permeable” a sus reclamos. Lo que hará que obtener la tierra prometida de la catarata de créditos enormes y baratos, se postergue, como los 40 años en el desierto. Solo habra crédito caro y lleno de grandes comisiones.
Los gobernadores del PJ que apoyen los acuerdos con los buitres, se están suicidando, porque la política central del PRO en lo económico consiste transferir recursos a los sectores concentrados y monopólicos y bajar el costo del salario en dólares, lo que inexorablemente repercutirá en las economías regionales (provincias) pues la se achicará la demanda inexorablemente y comenzaran todas las lacras conocidas que generan las políticas neoliberales.
Y desde el punto de vista político, los gobernadores peronistas perderán irremediablemente las próximas elecciones por tres motivos indudables:
1. Perderán el voto del llamado núcleo duro de kirchnerismo que no puede valuarse por abajo del 30 % del electorado nacional (recordemos que el 49 % de las últimas elecciones fue obtenido a pesar de la activísima militancia a favor del PRO, por parte de Massa, de De la Sota, de los Rodriguez Saa, Moyano, Barrionuevo, Puerta, Venegas etc., que ya está incorporado al 51 % del vendedor de globos y del cual se ya se están bajando espantados, una enorme cantidad de votantes arrepentidos de haber hecho caso a esos dirigentes. Porque por ejemplo, ¿qué kirchnerista votará a los candidatos a diputados de Schiaretti o de de la Sota en 2017, o a gobernador en 2019, si ellos ahora hacen que sus legisladores accedan a votar el nuevo megacanje?
Como hará el legislador del Movimiento Evita Ricardo Vissani para seguir dando quórum a quienes voten por el nuevo megacanje?
2. Porque serán rigurosamente discriminados en el reparto del Gobierno Nacional, cosa ya demostrada con los beneficios especiales a Larreta, Vidal y Morales.
3. Porque serán destrozados por Clarin en beneficio de sus opositores Pro y Radicales
.
A los gobernadores les pueden jurar lo que quieran, pero ¿quien duda de que todo el esfuerzo del Gobieno Nacional y de los medios concentrados estará dirigido a que triunfen los radicales conservadores y del PRO en las próximas elecciones legislativas y de Gobernadores.
¿O Schiaretti cree que tendrá el apoyo de Clarin y del Gobierno Nacional en su futuro enfrentamiento contra Mestre o Baldacci?
Verdaderamente para cualquier gobernador peronista, ayudar a bajar la ley cerrojo; a sellar una Corte adicta; a consolidar el monopolio mediático de Clarin; a garantizar la recesión, etc., es exactamente igual a meterse un tiro en la bolas.
Dudo de que así ocurra.
Y si ocurre, ellos pierden.
Nosotros ya perdimos y estamos siendo sometidos a todos los escarnios posibles, sin que ellos se inmuten.
Alguien duda de que luego vienen por ellos?

domingo, 31 de enero de 2016

Capitanich. Reportaje Un aporte al debate en el Peronismo


“No podemos ceder nuestro rol opositor”

El intendente de Resistencia critica a los dirigentes que son “funcionales al oficialismo” y no descarta postularse en las internas del PJ. Propone utilizar un sistema similar al norteamericano y crear “la internacional justicialista”.






 Por Nicolás Lantos

“Si elegimos una conducción que sea funcional al oficialismo, vamos a tener un problema de representatividad”, postula Jorge Capitanich, a tres días de la reunión del Consejo Nacional Justicialista que marcará el comienzo de la carrera hacia la interna del peronismo. El intendente de Resistencia y ex jefe de Gabinete quiere formar parte del “conjunto de hombres y mujeres” que lleven adelante en esta nueva etapa “una conducción de base colegiada e integradora” del PJ y propone en esta entrevista con Página/12 la fundación de “un partido moderno”, que cumpla un rol de “oposición democrática con garantía de gobernabilidad”, sin caer en la “anuencia al macrismo ni aggiornamiento a un marco de derecha neoliberal”. Para Capitanich, el justicialismo debe ser “una centroizquierda de base populista, progresista” y no “furgón de cola de un acuerdo con la derecha”. Sólo así, se logrará romper la “histórica tensión entre el partido y el movimiento”.
–¿Va a haber finalmente internas para elegir las autoridades del PJ, por primera vez, a través del voto de los afiliados?
–Existen dos opciones. Que haya elecciones internas, en alguna modalidad, o que se alcance un acuerdo de unidad. Hoy la carta orgánica del partido establece que haya elección a través de los afiliados, de forma directa, tomando a la República Argentina como distrito único. Alternativas de reforma de ese artículo implicarían tener elecciones por vía indirecta, que pueden ser simultáneas o un sistema escalonado de elección de congresales por cada uno de los distritos. Y a su vez hay que ver qué sistema de representación se utiliza, cómo se equilibra el peso de provincias más pobladas y menos pobladas, porque el número de congresales es un coeficiente sobre el número de afiliados.
–¿Pesa sobre el peronismo la amenaza de una intervención judicial en caso de que no se alcance un acuerdo para renovar las autoridades antes de la caducidad de los mandatos actuales?
–Es un escenario factible, aunque hay que ver bien las circunstancias. El gobierno nacional puede intervenir por vía directa o a través de un conjunto de afiliados, inclusive la Justicia puede actuar de oficio. Por eso cuando se llega a una instancia de estas características, cuando existe una posible intervención judicial por el vencimiento de plazos de mandatos, es necesario que el partido a través de su cuerpo orgánico resuelva de manera razonable y ajustada a derecho el problema.
–Más allá de las consideraciones técnicas, ¿cuál es el método que usted considera adecuado para elegir a las próximas autoridades del peronismo?
–Una competencia electoral garantizaría legitimidad al ganador, eso sería lo óptimo. Pero también admito que existen restricciones desde el punto de vista temporal y que es posible un nivel de consenso como para que haya una lista única. Pero para mi lo mejor sería una competencia electoral interna con un sistema de elección indirecta con un cronograma escalonado por regiones o provincias, que genere un equilibrio entre los distritos más grandes y los más chicos. Eso permitiría el debate político en un marco de participación real de los afiliados y eso le daría enorme legitimidad a la conducción del partido. Por otro lado, las restricciones que pueden significar armar en poco tiempo una ingeniería electoral para un partido que tiene 3.4 millones de afiliados en 24 distritos, hace que se complique cumplir ciertos parámetros. Habrá que encontrar un equilibrio entre lo mejor y lo bueno.
–¿Qué características cree que debería adoptar el peronismo en esta nueva etapa?
–El justicialismo ha tenido históricamente una tensión entre partido y movimiento. Cuando ha sido gobierno, el que conduce es precisamente el presidente de la República. Cuando no es partido de gobierno, es cuando surge este problema de representación en el marco de la dinámica propia del justicialismo en la que juegan partido y movimiento. Nosotros creemos que de una vez por todas, admitir que si bien el partido es una herramienta electoral y la pertenencia a un movimiento nacional, popular, humanista y cristiano es la referencia política, lo cierto es que nosotros tenemos que tener un partido moderno, organizado, con capacidad de debate a los efectos de resolver para mi tres cuestiones que son estratégicas e imprescindibles. Primero, el justicialismo debe ser una referencia a nivel internacional. La internacional justicialista debería ser el correlato de lo que fue la tercera posición ideológica de Juan Perón. Y es un tema que nosotros no podemos andar de forma diletante entre la internacional socialista o, como ocurrió en la década del 90, con la internacional liberal. Tenemos que resolver nuestra posición estratégica en un mundo complejo y con una injusticia social de carácter estructural. En segundo lugar, el partido debe ser un lugar para el debate de ideas. Sólo la unidad de concepción garantiza la unidad de acción. Y ahí es medular hoy discutir el rol de la oposición que debe construir y liderar el justicialismo frente al gobierno de Macri. Oposición democrática con garantía de gobernabilidad, lo que no significa anuencia al macrismo ni aggiornamiento a un marco de derecha neoliberal. No- sotros tenemos que ser una centroizquierda de base populista, progresista. Algunos consideran que debemos ser furgón de cola de un acuerdo con la derecha neoliberal de Macri. Con esa posición obviamente estoy en absoluto desacuerdo. Y el tercer punto es que un partido político organizado tiene que formar cuadros políticos imbuidos de doctrina, ideología, formas de ejecución y filosofía. Si nosotros no tenemos eso, tenemos un problema serio porque cada tanto tenemos que discutir nuestra orientación. Nuestra doctrina es clara: en lo político, equilibrio entre el derecho del individuo y de la comunidad; en lo económico, el capital al servicio de la economía y la economía al servicio del bienestar social; en la justicia social es: a cada uno lo que le corresponde. Esos son los grandes principios, que hoy necesitan desarrollo teórico, a través de una discusión de carácter conceptual pero sobre todo desde el análisis de la realidad. Por eso es necesario construir un partido moderno. Si nosotros nos pasamos atravesando transición sobre transición, entonces no avanzamos.
–Cuando habla de dirigentes que quieren que el peronismo sea furgón de cola de la derecha, ¿se refiere a las declaraciones recientes del gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey?
–Yo no quiero hacer nombres propios. Pero está claro que hoy en el partido existen esas dos tendencias. Cada afiliado, cada dirigente, sabe de lo que hablo y puede interpretar, de lo que dice cada uno, su visión y su alineamiento. Yo tengo un respeto muy profundo por todos los gobernadores del justicialismo y con Juan Manuel, con quien podremos tener una diferencia de base conceptual o ideológica pero eso en todo caso es una cuestión que se puede dirimir en un debate. Pero siempre respetando todas las líneas de pensamiento para tratar de contribuir al conjunto.
–¿Sergio Massa puede tener un lugar en esta nueva etapa del peronismo?
–Massa optó por una estrategia: el Frente Renovador, por fuera del justicialismo y generando una visión del país y de la provincia de Buenos Aires claramente distinta a la que pensamos noso- tros. Hay una diferencia conceptual en materia de pensamiento político, y me parece bien. Y me parece que es necesario plantear una diferencia cualitativa en el rol que él tiene hoy respecto al de Antonio Cafiero en 1985. Cuando el Frente Renovador en 1985 gana en la cantidad de diputados respecto al PJ, en provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero, un hombre con prestigio político, formación ideológica y doctrinaria y prosapia política fue claramente el líder de un proceso de renovación en base al respaldo popular. Lo cierto es que nosotros tenemos que entender una lógica: Cafiero logró construir liderazgo en la renovación peronista en base a triunfos electorales. Nosotros somos muy respetuosos de todos los dirigentes pero quien sale tercero en una elección nacional efectivamente no puede ejercer un liderazgo en base a triunfos electorales. Entonces deberá ser uno más y si quiere construir desde ese lugar lo hará como uno más. Eso lo dijo siempre Perón: el que pierde elecciones, a la cola. Así funciona la política, no construyendo desde la soberbia. Si querés ser líder de un partido, de un movimiento, construí con humildad, convencé al conjunto y ganá elecciones. En ese sentido, los que hablamos con nombre propio lo hacemos porque tenemos el respaldo popular, porque ganamos elecciones. Nunca se puede construir de arriba para abajo, siempre es de abajo para arriba.
–Si los que pierden tienen que ir a la cola, la fila va a ser bastante larga... ¿Quiénes cree que están capacitados para conducir el PJ?
–Hay un conjunto de compañeros y compañeras que puede reunir el máximo nivel de consenso. Esos son los que formarán parte de este proceso y de esta discusión. Entre todos tendremos que tener la cuota de humildad, de seriedad, de responsabilidad para afrontar los desafíos de la construcción del justicialismo en esta coyuntura. Debemos apuntar a la conformación de una conducción de base colegiada e integradora; lo que no podemos ceder es nuestro rol opositor. En eso tenemos que ser claros, contundentes y precisos. Si elegimos una conducción que sea funcional al oficialismo, vamos a tener un problema de representatividad.
–¿Usted va a ser candidato a presidente del partido?
–No pongo el carro delante del caballo. Mi aspiración es tener una participación desde el punto de vista discursivo y conceptual, para decir lo que pienso y defender mi posición. A mi nadie puede decirme que me calle porque tengo reconocimiento electoral. Yo cuando tengo que agarrar la pala, agarro la pala; si tengo que subirme a un tractor, me subo a un tractor y si tengo que construir un documento sobre política nacional e internacional, lo hago. Con humildad, voy a aportar a la construcción de un proyecto colectivo en defensa de los intereses del pueblo, de la patria y de la soberanía. Eso es lo que nosotros necesitamos.

miércoles, 20 de enero de 2016

Scioli: el PJ debe "ser inclusivo"


El exgobernador bonaerense advirtió que el peronismo "dividido es funcional al gobierno, cuando tiene que ser funcional a la sociedad" y pidió recuperar el "espíritu frentista" para "abrir la mirada a Córdoba y San Luis", y también a los "dirigentes del Frente Renovador". Scioli resaltó que "en un año se pone en marcha devuelta un proceso electoral" y no descartó postularse.

El excandidato a presidente aseguró que mantiene reuniones con "todas los sectores" del PJ y que existe una coincidencia en "dejar atrás desencuentros" y trabajar por la reunificación del partido. En diálogo con radio La Red, Scioli pidió "esfuerzos para mantener los bloques unidos" y advirtió que es momento de "ser integrador, no expulsivo".
Respecto a la posibilidad de encarar una candidatura a senador en los próximos comicios legislativos, el ex gobernador bonaerense respondió: "No es que estoy ahora haciendo lo que hago pensando en una candidatura. Luego se verá cuál es la mejor manera, la manera más competitiva, quiénes van a ser los responsables de los candidatos".
"En un año se pone en marcha devuelta un proceso electoral, para llegar a ese momento hay que plantear una agenda de trabajo y saber la gente la expectativa que tiene y poder ayudar al propio gobierno, marcándole los errores", evaluó.
Por último, consultado sobre si aún mantiene un diálogo con la ex presidenta Cristina Fernández, Scioli respondió: "Sí. obvio. La saludé para las fiestas y me llamó para mi cumpleaños para saludarme".

domingo, 17 de enero de 2016

Atacan a los iconos del Pueblo para generar reacciones violentas

Porqué instó Márquez a Morales a hacer algo tan improductivo desde el punto de vista político? Una respuesta podría ser que es para consolidar la fobia de sus adeptos , para tratar de mantener el clima de odio que los llevó al poder. Otra también posible es tratar de desviar la atención de los opositores para hacer pasar los elefantes por atrás (el arreglo con los buitres, el endeudamiento atroz que exige la banca internacional, la destrucción de la industria nacional que promoverá la importación de basuras de los paises centrales en crisis, en fin, la enorme transferencia de riqueza a los sectores concentrados y otra, por la que me inclino, es que con estos ataques selectivos a  los iconos del proyecto nacional y popular, e tratar de generar una reacción popular que sirva de pretexto para desencadenar  hechos super violentos que justifiquen decretar el estado de sitio y la eliminación de garantías  para gobernar sin congreso.

http://www.taringa.net/posts/imagenes/13364422/Fotos-del-barrio-Tupac-Amaru--S-S-de-Jujuy.html




sábado, 16 de enero de 2016

Aportes para el debate: Texto de Capitanich


Documento de Jorge Capitanich 





Queridos compañeros y compañeras: 

El Partido Justicialista afronta un desafío trascendente en esta etapa de la vida institucional de la República Argentina para reafirmar su propia identidad y propiciar una metodología de organización del espacio político para adaptar su funcionamiento a las nuevas demandas del pueblo argentino. 
El justicialismo debe convocar a sus afiliados para elegir a sus propias autoridades con el objeto de propiciar la legitimidad democrática de origen a través de elecciones mediante el voto directo en virtud del cumplimiento del artículo 27 de la carta orgánica considerando al país como distrito único. 
No cabe la menor duda que los plazos son perentorios en virtud de la expiración del mandato de la actual conducción el 8 de mayo del corriente año. 
Nuestra historia política nos demuestra que la importancia del PJ en el sistema político argentino estaba encusadrado desde una concepción “movimientista”  en virtud de la cual la condición de partido de gobierno implicaba aceptar la conducción estratégica de quien conduce los destinos del país. Cuando esto no ocurría, el partido adquiría un estado deliberativo con tendencias anárquicas y de “gregarización” que implicaba la atomización y la proliferación de divisiones internas. 
No hay que confundirse en esta etapa. Nosotros nacimos a la vida política para combatir el sistema no una de sus variantes, por tanto, no podemos aceptar el brete que nos proponen aquellos que pretenden domesticar el justicialismo para hacer de nosotros una variante funcional del gobierno con el típico “aggiornamiento” por derecha. 
Para el justicialismo, el movimiento nacional, popular, humanista y cristiano generaba el encuadramiento político relegando el partido a una expresión minimalista de cuadros de organización política. 
No cabe la menor duda que el escenario político de la República Argentina ha cambiado rotundamente. Por primera vez en la historia, la expresión de la derecha política consustancial al neoliberalismo ha llegado a ejercer legítimamente el gobierno por medio del voto popular, lo cual le da legitimidad política pero no legitimidad de ejercicio. 
El PRO es una partido con tan solo 12 años de existencia, 117.000 afiliados y 21 representaciones distritales en todo el país. Logró conformar una coalición política para acceder al gobierno relegando a un partido centenario con raigambre histórica y popular como la Unión Cívica Radical sin cuadros políticos homogéneos para el gerenciamiento y la administración del estado que han sido expresamente delegados a representantes de las corporaciones económicas. 
El escenario político parece advertir respecto a una bifurcación entre una centroderecha neoliberal que emana su poder en ejercicio del gobierno y una oposición desarticulada sin una referencia política clara, nítida y definida sino con matices expresivos. 
El Frente para la Victoria expresó en estos últimos doce años lo que diferentes denominaciones frentistas fueron capaces de construir en el imaginario colectivo durante nuestra historia política que van desde Frencilina hasta el Frejuli por citar sólo algunos ejemplos. 
Pero el frente electoral es más amplio que el justicialismo. Y el Partido Justicialista no necesariamente en esta coyuntura política expresa al peronismo en su conjunto ni tampoco a los peronistas que se califican como tal. 
El peronismo como categoría de representación política implica reconocimiento de pertenencia histórica, sentimiento y doctrina política. Y es necesario admitir también que en esta coalición política liderada por la centroderecha neoliberal hay peronistas que se reconocen como tal. Y que en nombre del peronismo se gobernó con un enfoque neoliberal distante de una perspectiva progresista capaz de cumplir acabadamente con nuestros dos grandes objetivos: la felicidad del pueblo y la grandeza de la patria. 
No cabe la menor duda que esta discusión y debate interno pendiente en el seno del justicialismo no puede saldarse en 90 días, ni en las próximas elecciones internas. Es más, las próximas elecciones marcarán sin lugar a dudas el inicio de un complejo proceso de recuperación de identidad en el marco de la modernización en el funcionamiento del partido para adecuarlo a las circunstancias del mundo actual y de la realidad de nuestro país. 
Néstor Kirchner inició en el año 2008 como Presidente del PJ un proceso de formación de cuadros a través del Instituto Gestar, promovió el debate de iniciativas en el ámbito del partido y garantizó el funcionamiento sistemático de la institución partidaria, tarea que prosiguió Daniel Scioli a su fallecimiento y recientemente nuestro compañero Presidente Eduardo Fellner. 
En esta nueva etapa nadie debe ser excluido, pero este partido es una institución que tiene reglas y principios que como toda organización moderna debe respetarse. En la política debe haber espacio para todo aquel que quiera participar pero “todos debemos ser artífices del destino común y no instrumento de la ambición de nadie”. 
Hay muchos compañeros y compañeras que habiendo perdido recientemente las elecciones pretenden ser adalides de un proceso de renovación partidaria luego de propiciar la ruptura interna construyendo espacios de poder propio a los efectos de facilitar la llegada al poder de la derecha neoliberal. 
En el justicialismo es preciso tener en cuenta que “nadie debe creerse más de lo que es, ni menos de lo que debe ser. Cuando alguien empieza a creerse más de lo que es comienza a ser un oligarca”. Por lo tanto, no es momento de actitudes oportunistas, ni tampoco de especulaciones personales ni es momento de usar la coyuntura en beneficio propio. Así como nadie debe ser excluido para participar de este proceso tampoco nadie puede autoexcluirse argumentando intereses meramente personales. La oportunidad es para todos, pero nadie tiene el “peronómetro” para decir que tal o cual es más peronista que otro, o tiene más oropeles para representar este partido. Queda claro que “cada peronista lleva en su mochila el bastón de mariscal”. 
Juan Perón decía que “la verdadera política es la política internacional” y por paradoja de la existencia humana su propio partido ha ido discurriendo desde la internacional liberal hasta la internacional socialista en el orden internacional habiendo sido el fundador de la tercera posición ideológica que viene a reemplazar a un capitalismo excluyente y deshumanizado y un colectivismo caduco y perimido. 
Pese a pregonar en distintos foros internacionales nuestra posición ideológica nunca hemos podido articular una internacional justicialista preservando nuestra identidad en un mundo cada vez más desigual e injusto. Nuestro partido, que postula la justicia social, la independencia económica y la soberanía política no puede permanecer ajeno a las guerras salvajes, a las migraciones forzosas y al hambre que azota a 871 M de personas en el planeta. 
Es momento de unir esfuerzos y voluntades en la comunidad internacional para combatir dura y frontalmente la injusticia social internacional convocando a todos los partidos políticos, a los trabajadores del mundo y a los movimientos sociales para frenar los avances de la especulación financiera internacional, la concentración económica y la exclusión social y combatir tenaz y frontalmente la carrera armamentista y el comercio injusto que degrada a nuestras naciones más débiles. 
Perón afirmó que el mundo debía transitar una etapa de integración continental para llegar al universalismo, pero este proceso de integración no puede hacerse sobre la base la injusticia y exclusión. 
El doble rasero internacional, el doble estándar de quienes pregonan el combate del narcotráfico fronteras afueras siendo los mayores consumidores del mundo de drogas y lavando activos financieros a través del sistema financiero a través del sucio negocio del juego, la venta ilegal de armas y el narcotráfico garantizando la existencia de paraísos fiscales que son funcionales a los intereses de una oligarquía financiera que despoja la dignidad de los pueblos y que condiciona severamente el ejercicio de la soberanía popular propugnando la existencia de una democracia funcional a sus propios intereses no sólo debe ser denunciado sino combatido tenazmente por quienes adscribimos a una corriente de pensamiento que no está dispuesto a convalidar este orden de cosas. 
Nuestra lucha universal debe ser un ideario colectivo que propenda a la fraternidad humana, la libertad de las personas, el desarrollo humano integral de la persona humana, la dignidad, la igualdad de género y el ejercicio de sus derechos, deberes y responsabilidades en un contexto de libertad solidaria y equilibrio entre los derechos del individuo y de la comunidad. 
Nuestra prédica basada en el magisterio de nuestra Santa Iglesia Católica no excluye la diversidad de cultos, pero si promueve los principios sustanciales de la Doctrina Social de la Iglesia en el marco de la opción preferencial de los pobres, la distribución universal de los bienes y la construcción de una auténtica civilización del amor. 
Debemos ser capaces de convocar a la construcción de los sueños colectivos de un mundo mejor, sin conflictos raciales, ni religiosos, sin exclusión social ni pobreza, sin la prepotencia de los poderosos en donde se respeten los derechos humanos, la libertad, la democracia y la dignidad de la persona humana. 
Debemos aspirar a un mundo en paz, sin guerras. Debemos aspirar a un mundo en donde cada comunidad pueda desarrollarse en su propio territorio ejerciendo sus derechos en un estado organizado sin tutela internacional sino con la voluntad y el ejercicio de la participación popular.  Debemos aspirar a un mundo libre, sin migrantes que buscan en otros países lo que cada uno de sus países no puede garantizar en virtud  de la violación sistemática de su propia soberanía. 
El justicialismo debe alzar su voz para construir un sistema político internacional de carácter multilateral con igualdad de condiciones y equitativa representación de los intereses de cada pueblo, de cada comunidad. Debemos terminar con la inequidad del veto en el Consejo de Seguridad que constituye el privilegio de unos pocos en detrimento de la prédica universal de los principios de la Carta de las Naciones Unidas. 
El justicialismo debe alzar su voz como partido político para construir un sistema económico que promueva el comercio justo entre las naciones con precios compensatorios para favorecer la equidad de intercambio a los efectos de evitar la desigualdad universal y la injusticia social. 
El justicialismo no puede aceptar el flagelo del hambre, de las migraciones, del racismo exacerbado, de la discriminación internacional, de las guerras fratricidas ni puede ni debe permanecer impávido frente al dolor de nuestros hermanos pobres y mutilados de la tierra. 
El justicialismo cree en sus verdades, en su doctrina política, económica y social. 
Creemos que nuestra doctrina política reafirma categóricamente el equilibrio entre los derechos del individuo con el de la comunidad a los efectos de lograr una comunidad organizada en donde “nadie se realiza en una comunidad que no se realiza”. 
Creemos en una doctrina económica en donde el capital debe estar al servicio de la economía y ésta al servicio del bienestar social. 
Creemos que nuestra doctrina social marca la impronta de la justicia social en donde cada cual debe recibir lo que le corresponde. 
Creemos en un estado centralizado, un gobierno descentralizado y un pueblo libre con participación de las organizaciones libres del pueblo entendiendo que “la verdadera democracia es aquella en donde el gobierno hace lo que el pueblo quiere y defiende un solo interés, el del pueblo”. 
Somos los que las 20 verdades dicen. Somos lo que nuestra ideología, filosofía, doctrina y formas de ejecución marcan e indican a través de nuestra historia con sus complejidades. 
No nos debemos confundir en esta etapa. No nos equivoquemos. El justicialismo necesita convocar para el 2 de febrero al Consejo Nacional Federal para fijar fecha de elecciones internas y realizar su Congreso Partidario para el 19 de febrero a los efectos de cumplir con los requisitos formales y sustanciales exigibles por la Carta Orgánica a los efectos de convocar a elecciones el próximo 17 de abril en virtud de la expiración de los mandatos el 9 de mayo del corriente año. 
No se trata de elegir al líder de la oposición. No se trata de elegir un conductor integral del espacio. Se trata de elegir a un compañero o una compañera que tenga la vocación de construir un partido para todos pero con respeto irrestricto de nuestra identidad. 
No es momento de especular con candidatos del futuro. Es momento de construir con humildad el destino colectivo de nuestro partido. 
Debemos convocarnos todos. Debemos convocar a todos. Esta etapa implica una transición con el objetivo final de lograr un partido abierto, dinámico, con identidad doctrinaria e ideológica capaz de ejercer una oposición democrática en el marco de la gobernabilidad política pero al mismo tiempo formar cuadros políticos calificados para construir una alternancia que inspire nuestras mejores ideas para transformar la Argentina. 
No es deseando que al gobierno le vaya mal como se construyen nuestras oportunidades para recuperar la confianza de nuestro pueblo en una nueva perspectiva de gobierno. La democracia es así. Oficialismo y oposición. Continuidad. Cambio. Gobernabilidad y alternancia. 
Nosotros tenemos que elegir nuestras autoridades de un modo claro y transparente, legitimando una conducción formal sin otra expectativa que conformar un partido abierto, con capacidad para debatir ideas y formar cuadros políticos imbuidos de un espíritu solidario a los efectos de lograr unidad de concepción para la unidad de acción. 
Pero a su vez, tenemos que ser capaces de obtener un acuerdo mayoritario de todas las expresiones internas a los efectos de avanzar en esta transición hacia una reforma de la carta orgánica que refleje e inspire un auténtico federalismo en la representación de los intereses de todos. Esta plataforma de consenso debe incorporar un cambio en la organización de la sede central, desarrollar un sistema de multimedia y redes sociales quer permita un vínculo activo con los medios de comunicación social, desarrollar junto a Universidades Nacionales la capacitación de cuadros auxiliares de conducción, líderes políticos y sociales de Unidades Básicas y formación doctrinaria sólida para afrontar los desafíos del futuro. 
Esta plataforma debe propiciar la convocatoria a un Congreso de Filosofía, de Historia, de Economía y otras temáticas de preferencia para movilizar el debate abierto de nuestros cuadros políticos, aumentar el número de afiliados, maximizar un sistema de financiamiento transparente, convocar a foros de legisladores nacionales, provinciales y municipales, Gobernadores, Intendentes para tener un espacio de consenso en el desafió de ser un partido de oposición. 
Esta etapa exige  por lo menos avanzar en tres cuestiones: a) abrir el debate de ideas, b) promover la inserción internacional del partido y c) formación sistemática de cuadros. 
Con la expectativa de ser artífices del destino común haremos  aporte y nuestro esfuerzo, con mucha humildad y convicción para lograr juntos un partido moderno, dinámico, abierto, con identidad propia en Argentina y en el mundo. 
No queremos ser una variante del sistema político neoliberal, ni funcionales para ser la cara progresista del proyecto de Macri. Queremos ser lo que las 20 verdades dicen. 
Sin otro particular, saludo a Usted con atenta y distinguida consideración.